sábado, 17 de diciembre de 2011

Una experiencia más.

Caminaba apresurado, ignoraba la gente a mi alrededor y el caprichoso clima ya que se me estaba acabando el tiempo, no quería llegar tarde (como me sucedía últimamente) a mi examen de inglés, pero lo que vi a continuación fue algo inevitable, desde que tuve que bajarme de la camioneta para ir a tomar el camión supe que algo andaba mal, luego todas esa patrullas desviando el tránsito y finalmente me enteré. Estaba ahí, junto a la barda de la primaria, uno podría pensar que estaba recargado en ella y se había acabado de caer, pero no era así, un charco de una sustancia roja clara y con algunas burbujas (o eso me pareció) rodeaba su cabeza, su cuerpo yacía inerte en el frío suelo de la calle, fue entonces cuando lo comprendí, rápidamente me llegaron todo tipo de pensamientos: ¿qué habría hecho para merecer tal castigo?, ¿cómo fueron sus últimos segundos?, ¿qué pasaba por su mente?, ¿qué sentía ver como con cada suspiro la vida escapaba de él como un pequeño conejo escapa de su cazador?. Me detuve unos instantes a verlo, aunque no pude acercarme mucho, ahora su rostro contemplaba impasible el amanecer, que lástima que no fuera a durar mucho eso. De pronto alguien me rebasó por el costado derecho y volví a mi realidad, esa en la que la vida se resume a pasar unos cuantos exámenes y preocuparse por pasar lista; no me pude controlar así que comencé a caminar, esa parte de mí que quería quedarse a reflexionar sobre la vida una vez más fue opacada por la cotidianidad.
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