Despertar.
Ni el Sol naciente, o el amanecer resplandeciente
con su cálida oleada de vida y color
puede compararse a ese amor,
amor puro, bello y sincero
que recorre mi cuerpo entero.
Que día a día me hace viajar
por hermosos laberintos de fantasía,
fundiéndose lenta y armoniosamente,
con cada momento en el que tú estás presente.
Llevándome por instantes al paraíso,
ese lugar hermoso,
que pisé por primera vez
cuando vi tu rostro:
perfecta obra de arte, siempre sonriente,
vivo y candente,
que desvela mi yo latente,
ése,
que en donde quiera que se encuentre,
se muere por decirte lo que siente.