Desde la soledad, ipseidad o solipismo contemplo con terror a mi entorno; descubro, así, que no existo, que no soy otra cosa más que un invento (tal vez como diría Foucault, del siglo XVIII), que no fui el hijo deseado o esperad; que en mis días soleados de mi pubertad creí, que no hay quien haya deseado, esperado o querido a un hijo ya en términos de "querer" o "desear", y que no hay quién haya sido esperado en su llegar, que la llegada, mi llegada, nuestra llegada al mundo es una alteración, un actuar en contra del alter, del "otro" y que aquella "otredad" (la del "otro") aunque no quiera debe cuidarme, amarme, atenderme, ya que así lo establece la convención social.
Ahí es donde se me "inicia", se me educa, se me imponen moldes de la cultura en la que "aparezco", se me atascan ideas, se me atiborran deseos, se me disciplina el alma y el cuerpo: Todo ello aparece en mi casa, en mi familia, en la escuela, en el servicio militar, en el hospital, el la cárcel; las normas y las leyes se me imponen desde afuera y desde dentro de mi "Mismidad": pero "Son y abren zanjas obscuras en el lomo más fiero y en el hombre más fuerte", y debo entonces entrar en la disciplina, con-formarme, "hacerme-junto a", constituirme, es decir, hacerme hombre, humanizarme en el sentido lato o ancho de la expresión.
Ésta "ipseidad" o mismidad está dañada porque no es tan "mismidad", es decir, no es tan auténtica -del griego authentikos que significa "mismo"-, sino que es y está constreñida por mis padres, la naturaleza, la sociedad y por el "mundo". Pero sé que en mis padres no hay mucha paternidad porque soy un accidente, somos todos un miserable accidente, una carrera loca que alcanzó "El primer premio", es decir la buenaventuranza de tener autoridad, de disfrutar de la vida.
Y así como desconocido que soy, aun cuando hubiere sido deseado, recibo en mí la opción de hacerme o que me hagan -más bien- a la convención, porque esa es la manera clara, lúcida en como se me, se nos incluye en el mundo, ubicando nuestras posibilidades del "hacer" en el marasmo, en la inmovilidad móvil de la "utilidad", de la producción que no es otra cosa que el reino de la imposible fuga, imposible negación y sólo propia de apropiarse de la utilidad.
Mundo que es signo-señal, pero sólo por convención que no es otra cosa que convivencia, porque por conveniencia el signo hace al caos -desorden-, mundo (sinónimo de orden), en logos o palabra o lógica u orden, en una palabra: signo; pero los signos sólo son la mitad de una cosa, que la otra parte o mitad es para el "alter", el otro; ese alter-ado que me construyó con los desechos de otros signos basuras de la historia, es decir, de sujetos signos que seres mitad inventos que se construyeron de la cotidianidad de otros y nunca de sí mismos (authentikos). Es por ello, el ello, que me muestro a mí, más como un signo, y si sólo soy un signo, entonces los otros y las otras particularmente cuando se me aparecen -fenómeno-, cuando se me enfrentan y su ente se me hace patente, -sólo en torno , claro está, de mi mismidad, que también pudiera ser sexualidad- entonces, descubro que las alter-adoras son significantes porque a ellas se les ha constituido mis carnalidad, ahí en el alter la alteridad (Pero no "mismidad"), alteridad que me altera y que a fin de cuentas no tiene, sino el deseo, nomás, pero nunca un significado expreso.
En mi soledad, entonces, descubro que no signo, que no significo, que es así como una mujer, en el ello, es un significante sin significado, así es como soy yo; sólo una virtual disposición al trabajo, a la justicia, al "logos"; ya como la suma de los actos históricos de otros, y otros y ...
Me cargaron con la maleta, me entregaron la estafeta (típico; soy Médico porque mi padre es médico) y me atragantaron con sus ídolos, sus pecados y hasta sus dioses, con esto me obligan a continuar haciendo lo que ellos -asquerosos y odiados- hacen.
Esa es mi soledad ya que sólo soy en función de lo que consumo o produzco, porque sólo soy "yo mismo" lo que me he y me han hecho. Y porque a final de cuentas esto, o este hombre no existe, nunca existió y está liquidado. A veces encuentro mi ser como lo dice Sartre "Miserable gusano", sólo como un mortal como tú o como cualquier "alter" (otro) al que siempre repitiendo esquemas encuentro y empiezo o recomienzo a re-inventar a ese y a otro, y otro, y otro...