domingo, 11 de septiembre de 2011

Breve ensayo sobre los "Diálogos de Platón".

Desde siempre las revoluciones ideológicas han supuesto un cambio radical en las sociedades, puesto que terminan dando lugar a nuevas épocas para la humanidad. La primera y, quizá, la más importante de todas debido a su trascendencia es la que inició Sócrates en el siglo IV a. C., ya que ésta no sólo significó un cambio sustancial en el pensamiento del mundo antiguo al dar lugar a las escuelas socráticas, sino que mostró la importancia que tenía (y tiene), y que no se daba a la forma de ver la vida y otras cuestiones como el plantearse interrogantes sobre los problemas del hombre, reflexionar acerca de las situaciones cotidianas y ver el porqué de ellas  y, en general, el buscar la verdad.
Éste filósofo griego (de quien sólo sabemos sus pensamientos gracias a la pluma de Platón y otros de sus discípulos) nos da profundas reflexiones sobre el conocimiento, la ignorancia y el respeto a las leyes; asimismo da mucha importancia a la introspección al apoyar la frase “Antes que conocer nada, conócete a ti mismo” por lo que al mismo tiempo establece uno de los objetivos primordiales de la filosofía: Buscar en el interior del ser humano, es decir, crecer internamente para ver las cosas externas con un enfoque distinto y en cierto modo mejor.
En los 4 diálogos que he leído sobre él me gusta la manera en cómo define a la sabiduría, la cual, a mi entender, consiste en reconocer que hay muchas cosas que jamás alcanzaremos a saber y que, por consiguiente, todos somos ignorantes; otro punto que me impacta y es imprescindible destacar es que, en el camino por corroborar las predicciones del oráculo de Delfos, las cuales decían que él era el hombre más sabio de esos tiempos, termina siendo enjuiciado y sentenciado a muerte (Apología de Sócrates) por no creer en los dioses de aquellos lugares, entre otras acusaciones, lo cual es contradictorio y en cierto modo extraño, ya que él había mencionado en la República (según Platón) que aquel que viera la verdad y regresara al bajo mundo de la ignorancia tratando de compartirla con los demás probablemente acabara muerto.
En Critón es de mi agrado la parte en la que Sócrates comenta que no nos debe importar la opinión de la gente que no esté a nuestra altura, intelectualmente hablando, dejando de lado el hecho de que sea una mayoría (en este caso el pueblo) o minoría, y que debemos ser responsables y cumplir con nuestros deberes y asumir las consecuencias de nuestros actos.
Finalmente, en las últimas páginas de Fedón encuentro muchas similitudes con algunas religiones y las últimas enseñanzas que éste gran filósofo da a sus más cercanos seguidores al  decirles que uno cuando muere recibe lo que hizo en vida, o sea, alguien muy malo sufrirá por siempre, otro más que también cometió actos injustos pero no tan graves debe esperar el perdón de las personas a las que afectó y mientras tanto debe soportar los castigos pertinentes, pero alguien libre de vicios que dedicó toda su vida a la ciencia y ha llevado una existencia llena de valores se merece el pase directo a un “paraíso”, el cual nos describe en páginas anteriores y que se encuentra arriba, muy por encima de la Tierra.
Por todo lo anterior llego a la conclusión de que el principal objetivo de Sócrates era concientizar a quien hablara con él, o sea, era como si les  dijese: “¡Hey!, debes ver las cosas de nuevo y hacer tu propio punto de vista, no sigas a la masa, no seas del montón”, y él, por experiencia propia, sabía que en el camino de construir una opinión personal se daría el autoconocimiento. Por lo que  creo que es conveniente reconocer la gran labor que llevó a cabo, sin importar que eso le costase la vida, y destacar la trascendencia de sus ideales, que hasta nuestra época siguen vigentes y lo seguirán.

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